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Los héroes de Gimnasia de La Plata en la 2000/01

El Lobo dejó una importantísima huella en la 2000/01 del TNA tras abrazarse con un título y un ascenso a la Liga Nacional tan deseado como recordado al día de hoy. Recordamos esa histórica campaña con Fabián el Mofle Horvath, Gaby Moravansky y Danilo Delset.

Por Lucas Leiva

Gimnasia de La Plata fue el nombre que se anotó en la historia grande del ascenso para la temporada 2000/01 del TNA. El Lobo, uno de los clubes más emblemáticos de los #35AñosDeLiga, dejó su sello dentro de una campaña inolvidable, parte de un proceso que no solo abarcó ese año sino un ciclo más grande que tuvo su culminación en aquel 2001 con la llegada a la Liga Nacional.

El elenco tripero se abrazó al título de campeón en aquel año después de ganar casi todo lo que se le puso por delante. El ascenso era una ambición que venía no desde esa temporada sino de antes, ya que es válido recordar que el Lobo había perdido la final del año previo, en el 2000 cuando perdió por un ajustado 3 a 2 la definición contra Belgrano de Tucumán.

Gimnasia ya tenía una base de jugadores importantes que lo hizo uno de los grandes protagonistas del torneo en ese último tiempo, y de hecho de aquella final en Tucumán había sobrevivientes como Fabián el Mofle Horvath, Javier Tuky Bulfoni, Walter la Queca Storani, Leandro Lauro y Roberto López. Esos mismos jugadores salieron a la temporada 2000/01 a buscar una revancha, con la necesidad de tener un rápido desquite y finalmente conseguir ese objetivo que tanto venía siendo deseado: el título y el ascenso.

Con esa mencionada base de jugadores, Gimnasia decidió apostar y traer ese año a un par de piezas importantes. En el banco y la dirección técnica llegó un entrenador con mucho renombre como Gonzalo García, conocer absoluto de la categoría y que experiencia por experiencia se iba transformando en el prestigioso entrenador que es hoy.

Además, el Lobo firmó la llegada de otros jugadores importantísimos, con la llegada de Gabriel Moravansky que venía de jugar en Ferro, más un experimentado e histórico Danilo Delset, un talismán en cuanto a ascensos. Como extranjero, Gimnasia apostó a un legendario como Pop Thornton, que no llegó a completar la temporada por lesión, algo que obligó a un cambio con el arribo de Diego Ricci.

El Mofle había llegado a Gimnasia el año anterior, por lo que había sido testigo de esa final en Tucumán que le dejó al equipo tripero el subcampeonato del torneo. Había llegado en el 99 y terminó quedándose dos años, ambos deportivamente exitosos y dignos de un base exquisito como lo fue. El Mofle, uno de los sobrevivientes que se fue potenciando con ese hambre de revancha, promedió 7,1 puntos y 2,3 asistencias aquel año del ascenso, y con su experiencia es una de las voces más autorizadas para hablar de ese Gimnasia.

“Recuerdo que ese año se hicieron unos cambios de jugadores. Incorporaron a Danilo (Delset) y Gabriel Moravansky más el técnico Gonzalo García. Veníamos de una temporada buenísima donde se nos escapó el título contra Belgrano de Tucumán en un partido muy cerrado en el quinto juego allá, y se empezó a gestar con las mismas ganas que al principio, un equipo igual pero diferente en el aspecto grupal con respecto a la manera de encarar las cosas. Fueron muchos momentos duros, realmente se trabajó muy intenso no solo en lo basquetbolístico sino en lo físico y mental, y en la parte de nutrición también. Todo el grupo se acopló de manera espectacular, son esos grupos y esos equipos que realmente a uno le da gusto integrar y pertenecer. Eramos un bloque, eso es lo primero que me acuerdo de ese año. Luego fueron sucediendo los partidos y meses, y alternamos muy buenas y algunas malas, pero siempre con un clima cordial en donde sabíamos que el objetivo final iba a cambiar absolutamente toda la historia del club”, explica el Mofle.

Gaby Moravansky también dice presente. Un histórico en el básquet de Gimnasia, llegando a la institución para aquella temporada 2000/01. Ese año firmó un promedio de 7,9 puntos, 2,3 rebotes, 1,3 asistencias y 1,3 robos en 39 presentaciones. Moravansky venía de varias temporadas en la máxima categoría en la Liga Nacional con Ferro, pero ese año pasó al TNA para jugar con el Lobo y construyó toda una vida allí. Con Gimnasia jugó ese año en el ascenso, luego 4 temporadas más en la elite y finalmente otras 3 campañas de regreso al TNA. En total, 8 temporadas con el club.

“Cuando vinimos a Gimnasia sabíamos que habían sido subcampeones el año anterior y que querían ascender, pero yo por ejemplo no me había dado cuenta de a qué nivel ellos quería ascender, de cuánto realmente se deseaba eso. Cuando arrancamos la temporada habían pasado tres partidos, no ganábamos de visitante pero fuimos y ganamos en cancha de Vélez, y fue como sacarse un peso de encima, era una presión que se sentía de tener que ascender sí o sí. Hoy después de 20 años y después de haber jugado 4 temporadas con Gonzalo, Fito Passaro y Manuel Álvarez que son un poquito más grandes que yo, después de haber charlado y saber cómo vivían ellos esas anécdotas del otro lado. Uno por ahí como jugador no las vivía pero ellos sí como cuerpo técnico, de saber lo que pasaba del otro lado, porque la presión era grande para ascender. Por suerte se logró. El cuerpo técnico que teníamos era como jugar con amigos, era la sensación que me daba. Sea el técnico Gonzalo, el asistente, el preparador físico… por ahí también me pasaba por esto que decía de que tanto Fito como Manuel son de mi edad y quizá Gonzalo es un par de años nada más más grande que yo. No solo era gente que entendía muchísimo de básquet sino que también terminaron siendo grandes personas. Creo que ese grupo se caracterizó por eso, porque el grupo humano era muy bueno, y yo soy un convencido de que el grupo se arma con gente buena, que tira todo para el mismo lado. Así es cómo se consiguen grandes cosas, y eso fue lo que pasó ese año”, cuenta Gaby.

Y agregó: “Es un logro único. Uno puede jugar y esperar lo mejor año tras año, y hacer las cosas bien a lo mejor individualmente, pero esos logros de salir campeón no se dan seguido. A veces pareciera que salir campeón fuera fácil y no es así. De tantos equipos gana solamente uno, y si te ponés a pensar del año 85 que se creó la Liga Nacional, con la Liga B y el TNA, pasaron 35 años y solamente tenemos 35 campeones por categoría de todos los muchísimos equipos que llegaron a jugar en la Liga Nacional, o sea que no es nada sencillo. Ese logro se recuerda siempre, siempre alguien te viene a preguntar y siempre está presente, es algo muy lindo”.

Con la temporada ya comenzada, cabe destacar que los resultados no se vieron tan rápido como parecía, ya que más allá de sostener la base de trabajo del año anterior el equipo tardó en armarse definitivamente y demostrar todo su potencial. El equipo de García arrancó festejando en su estreno de temporada tras imponerse por 79-71 sobre San Andrés de local en el Poli, y si bien también derrotó a Argentino de Junín y Estudiantes de Santa Rosa en casa, sumó derrotas en Lanús y Junín contra Ciclista. La primera victoria de visitante terminó llegando en la sexta jornada contra Vélez Sársfield.

La primera fase de la zona Sur dejó a Gimnasia posicionado en el tercer lugar de la tabla, con un récord de 9 triunfos y 5 derrotas. ¿Quiénes terminaron por delante? Deportivo Roca líder indiscutible fue el primero (12-2 de récord) y Ciclista de Junín en el segundo puesto (también con balance de 9-5 como GELP). En aquella primera fase, Roca fue el único equipo contra el que Gimnasia perdió dos veces, y el único al que no pudo vencer en La Plata.

Ya en el TNA 1, Gimnasia fue apareciendo cada vez más y más en su mejor versión. Si bien Deportivo Roca volvió a ser el único equipo que le ganó a Gimnasia en el Poli, el Lobo fue mucho más sólido en esta segunda parte del torneo y tuvo un despliegue convicente. Le costó ganar fuera de casa, pero entre esas victorias importantes que definieron su posición final fue un triunfo en General Roca en la antepenúltima fecha (103-84 de visitante). Luego cerró la etapa regular con un triunfo claro ante Regatas Corrientes (107-87 de local) y con una caída ante San Isidro en San Francisco (88-82).

El balance fue de 8 triunfos y 6 derrotas en las 14 presentaciones de aquel TNA 1. Gimnasia terminó primero en ese grupo, adueñándose del ansiado 1 de la regular y ganando en consecuencia la localía para la postemporada. Detrás del elenco tripero quedaron posicionados Regatas Corrientes, Argentino de Junín, Deportivo Roca, San Isidro y Central Entrerriano por ejemplo.

Un paréntesis en el cierre de la fase regular fue el contratiempo de Pop Thornton, que se lesionó el 6 de abril en General Roca, en la victoria por 103-84 de Gimnasia. Más allá de ese triunfo, el golpe llegaría a través de la dolencia del foráneo, que dejaba al equipo de García sin una ficha importante dentro de la rotación. No obstante, en su lugar terminó llegando al equipo Diego Ricci, que encajó a la perfección y le dio un empujón clave al equipo para ese tramo de la postemporada que se avecinaba.

“La lesión de Pop Thornton en los últimos partidos de la fase regular, contra Deportivo Roca en el Valle y en un cruce de Federico Sureda, lamentablemente cae, se lesiona el hombro y nos quedamos sin extranjero a las puertas de los playoffs. Eso fue un golpe anímico para el equipo, realmente creo que fue una prueba para el grupo, para ver cómo estábamos. Se suplió con Diego Ricci que cayó como anillo al dedo no solo por su personalidad sino también por el trabajo que hizo dentro del equipo, el cual sabía que era capaz porque lo había tenido como compañero en Obras en el 94, así que conocía un poco de su juego. A partir de ahí, sin extranjero, nosotros fuimos dando paso a paso todos los golpes y fuimos subiendo todos los escalones hasta arribar a la final”, relata el Mofle.

Por su parte, Moravansky adhiere a la palabra de Horvath y también cree que más allá de la desafortunada acción de Thornton, la llegada de Ricci terminó de darle la vuelta de tuerca necesaria para que el equipo se potencie mucho más de cara a los playoffs.

“La lesión de Thornton fue un clic para nosotros. Sin desmerecerlo obviamente porque es un grandísimo jugador y sus números en el TNA lo demuestran, pero en Gimnasia no se había terminado de asentar y eso quizá se notó. A partir de esa desafortunada jugada en Roca donde se lesionó el brazo, llegó Diego Ricci que venía de jugar de Europa. Diego se adaptó rápido porque a muchos de nosotros ya nos conocía, también vino para sumar y darle lo que el equipo necesitaba. Nos dio lo necesitábamos para ascender. Recuerdo que en las finales lo agarró a (Jervaunghn) Scales y lo volvió loco, lo sacó totalmente de partido en los cuatro partidos que jugamos. Y como persona obviamente un señor, así que el mejor recuerdo de él”,dice el alero.

Llegó entonces la etapa de playoffs, donde Gimnasia se impuso primero ante un durísimo La Unión de Colón por 3 a 2. Los conducidos por García comenzaron la serie en casa, ganando el primer partido por 98-83. Luego sufrieron una derrota ajustada por 81-79, y con la serie 1 a 1 la historia se mudó a Colón donde Gimnasia recuperó rápidamente el punto perdido en casa: triunfo por 81-75 y serie 2 a 1 para el Lobo. La Unión ganaría el cuarto juego para empatar la serie en 2 (79-76), y de regreso a La Plata el local se terminó llevando el quinto por 82-71. Boleto a semifinales.

En semifinales, Gimnasia se mostró sólido en casa y se llevó los primeros dos encuentros, el primero por 101-86 y el segundo por 93-79. En San Francisco, los cordobeses descontaron por 82-79 en el tercer encuentro, y finalmente la victoria del Lobo por 99-84 en el cuarto partido sentenció la serie por 3 a 1. Haciendo un vistazo hacia atrás y una retrospectiva a aquel torneo, Moravansky recuerda que a Gimnasia le costó encontrarse durante los primeros partidos de la temporada pero coincide con que durante el desarrollo del torneo todo se fue aceitando.

“Empezamos mal cuartos de final porque jugamos el segundo partido de local acá contra La Unión y perdimos. Pero por suerte cuando fuimos allá por suerte ganamos el tercero y trajimos de vuelta la localía para La Plata. Después en el quinto partido lo definimos bien. Después en semifinales contra San Isidro fue muy duro, un equipo que presionaba y le gusta mucho correr y correr. Nos volvieron locos pero igual les pudimos ganar bien acá en La Plata y cuando fuimos allá, nos confiamos en el tercer juego y perdimos, pero en el cuarto pudimos sortear esas defensas que hacían, y ganamos bien”.

En la final iba a esperar Regatas, que había terminado segundo en la fase regular y que venía en gran racha. El remero había dejado en el camino a San Andrés en cuartos de final (3 a 0) y al durísimo Ben Hur en semifinales (3 a 2), otro de los candidatos. Dirigido por Horacio Seguí, el equipo correntino tenía dentro de sus filas a jugadores como Matías Tomatis, Sebastián Acosta, Jervaunghn Scales, Raymond Buchanam, Pablo Filloy, Jorge Corbalán, Gustavo Mascaró y Gustavo Monella.

Con ventaja de localía para el Lobo comenzó a jugarse en La Plata con dos triunfazos del dueño de casa: 76-71 y 84-69 en el Poli. La historia entonces se mudó a Corrientes, donde Regatas contestó con una victoria por 91-88 y descontó en la serie. Pero Gimnasia no quería que la serie vuelva a La Plata, por eso lo que había estado muy cerca de conseguir en el anterior juego lo terminó consiguiendo y con creces en el cuarto partido: triunfazo por 83-65 con un despliegue de juego que superó claramente a los correntinos. Fue definición por 3 a 1 en la final, para el título, ascenso y la enorme felicidad del Lobo.

“Una cosa increíble era que Regatas tenía dos extranjeros en su plantilla y nosotros ninguno, ascendiendo en Corrientes de visitante, con Leandro Lauro bastante golpeado con una lesión en el tobillo y yo jugando muchos más minutos de los que habitualmente lo hacía y ya con 36 años. Me acuerdo clarito que estaba muy cansado cuando terminaban los partidos, pero bueno, había que lograr el objetivo y había que seguir, no había excusas”, recuerda Horvath sobre esa final.

Por su parte, Gaby también repasa ese juego a juego que tuvo la definición contra los correntinos: “La final arrancamos ganando los dos primeros partidos acá en La Plata. Nos costó pero pudimos ganarlos, el tercero allá se nos escapó sobre el final, y el cuarto fue un partido raro porque al entretiempo estábamos ganando por 30 casi, algo muy atípico. Y después el segundo tiempo fue tratar de aguantar el resultado y terminamos ganando por dieciocho aproximadamente”.

¿Momentos que definen un equipo ganador? Muchos, pero sin dudas si hay algo que puede definir a estos equipos que son ganadores es la mentalidad que tienen. Son ganadores desde la cabeza, desde el concepto de cómo entrenan, de la responsabilidad con la que se toman el año, desde la unión de grupo, desde el afianzamiento día a día de un número de jugadores que se transforma en un equipo con el correr de los torneo y la convivencia. Diferencias pueden haber, claro, pero cuando cualquier tipo de interés individual queda de lado en pos del objetivo colectivo todo puede conducir al éxito.

“La sensación era saber que uno tenía un equipo que te bancaba en absolutamente todo. Recuerdo que ese año tuve una pequeña lesión al principio de la temporada en un gemelo, y la recuperación fue casi de veintipico de días, un mes. Mientras hacía la recuperación, desde la bicicleta fija, los miraba desde arriba cómo entrenaban mis compañeros y ya se notaba ese grado de compromiso de cada uno. Cuando uno se aleja un poquito de las cosas por ahí se ven mejor, y yo noté eso. Ese año tuve sensaciones y viví cosas espectaculares, realmente no me olvidar nunca de ese año y creo que fue uno de los equipos que mejor jugó básquetbol y que más solidario fue tanto dentro como fuera de la cancha. Realmente fue un placer, y todavía tengo muchísimo contacto con ellos. Me encantaría volver al club para tener contacto con ellos. Más allá de disfrutarlo, uno realmente siente la presión que se va haciendo alrededor del equipo por ir consiguiendo logros. Pero bueno, eso es parte del proceso del equipo para saber de qué manera manejarlo, cómo poner el foco únicamente en el objetivo final y tratar de aislarse del resto. A veces no es fácil lograrlo y conseguirlo, pero creo que en este equipo se logró absolutamente todo. Fue una simbiosis de todos, donde todos sabíamos que teníamos que apuntar únicamente a un lugar. Por eso estoy muy orgulloso de eso y de haber sido parte de ese Gimnasia”, analiza el Mofle Horvath.

Aquellos festejos del título y ascenso se recordarán por siempre en La Plata. Gimnasia había conseguido lo que un año antes se le había escapado de las manos por muy poco, pero se levantó de aquel sacudón, se reinventó y a medida que fue pasando esa camapaña se fortaleció con muchísimo más brillo para alcanzar esa gloria que tenía atragantada. Lo deseaba mucho, muchísimo, y felizmente llegó aquel sábado 9 de junio del 2001.

¿Las repercursiones? Una locura. No solo por toda la gente que fue a esperar al equipo en su regreso de Corrientes, ya con el título en sus manos, sino también por lo que fue esa celebración desde aeroparque hasta la vuelta a la Ciudad de las Diagonales. Kilómetros y kilómetros de regreso a La Plata donde el grueso más importante se dio en su llegada al Poli, donde dieron la esperada vuelta olímpica ante toda su gente. Previamente a ese festejo, los hinchas acompañaron al micro que trasladaba a los campeones desde el Arco de Villa Elisa hasta el club, con casi 700 autos que coparon Camino Centenario, con banderas y bocinazos acompañando. Eran los héroes del Lobo.

“Nunca me voy a olvidar el recibimiento de la gente de Gimnasia. Desde sus directivos, en ese momento el máximo dirigente era Ricardo Poggini y de toda su gente que nos fueron a buscar a aeroparque. Nosotros habíamos ido a Corrientes en un vuelo regular, nos fueron a buscar a aeroparque y ahí ya había algunos autos en caravana con el colectivo que nos llevaba. El climax fue cuando entramos desde la autopista a camino Centenenario… empezamos a ver colas y colas de autos con las luces encendidas, tocando bocina. No exagero pero eran entre 5 o 6 kilómetros de autos, algo increíble, todo lleno de gente que estaba ahí agradeciéndonos por el éxito deportivo. Y recuerdo muy bien que debido a que la gente nos quería ver y saludar estando nosotros dentro del micro, nos pasaron a unas camionetas abiertas, donde íbamos con las banderas y algunos de los hinchas, con los chicos de la barra. Fue un momento glorioso que culminó con la llegada a un Poli de Calle 4 que estallaba, parecía que iba a haber un partido más porque realmente era sorprendente la gente que había festejando ese campeonato. Fue algo increíble, realmente tengo enormes recuerdos y las mejores anécdotas de ese año”, explica el Mofle, maravillado todavía al recordar todo lo que sucedió esa temporada.

“Voy a tomar una frase de Danilo (Delset) a Diego Cavaco cuando le dijo ‘¿Sabés lo que es salir campeón y que te espere una caravana levantándote y coreando tu nombre?’… uno lo vivió acá en Gimnasia también. Nosotros salimos campeones en Corrientes y más allá de que allá fue mucha gente de Gimnasia, esa misma gente viajó en micro y nos esperó en aeroparque, y nos vinimos con ellos de vuelta a La Plata desde allá. Imaginate la gente que había en la entrada a La Plata cuando llegamos. En aquella época no estaba autopista y tenías que entrar por Centenario, pero pensá que desde que el arco de Villa Elisa, que no sé muy bien a cuántos kilómetros está de La Plata, hasta el Poli tardamos 2 horas fácil… Llegar y ver eso fue increíble. Esos festejos uno los recuerda tanto que cuando en el 2003/04 que no pudimos ser campeones de la Liga Nacional es como que uno esperaba internamente eso, internamente más allá de lo que hubiese significado ser campeones de Liga, internamente yo estaba esperando volver a vivir esos festejos”, agrega por su parte Moravansky.

Y hablando de Delset, Danilo, un histórico en la materia de los ascensos, también hizo referencia a lo que significó aquella temporada en el Lobo, donde el alero iba a conseguir el tercero de los cuatro ascensos que tiene del TNA a la A. El oriundo de la ciudad santafesina de Esperanza explicó en breves palabras cómo era ese equipo de grandes nombres pero con algunos jóvenes que todavía no habían explotado y en ese entonces estaban haciendo sus primeras armas. Además, también dejó una anécdota que prueba el hambre que tenía aquella versión del club tripero.

“Con Gimnasia de La Plata hicimos un gran año. En ese momento al Tuky Bulfoni no lo conocían muchos, era el goleador de la B pero en esa época en el TNA no había llegado a ser el jugador que después terminó siendo, hoy reconocido por todos; y lo mismo pasó con Roberto López, que venía de Rosario pero era también un desconocido para muchos; Leandro Lauro también recién empezaba. Estaban el Mofle Horvath y Gaby Moravansky que ya venía de un buen recorrido en Ferro”, comienza recordando Danilo.

“Recuerdo que una vez, en uno de los viajes de visitante, íbamos en el micro y le pedí permiso a Gonzalo García para pasarles un video. Me di cuenta de que teníamos un equipo muy bueno pero joven, con Roberto López, Tuky Bulfoni y demás que todavía eran chicos. Una cosa es decir que vamos a ascender y otra distinta es cómo hacerlo. Para eso tenés que entrenar, trabajar muy duro todos esos ocho meses de la temporada. Esas cosas no solamente te la tienen que contar sino también mostrártelas, porque solo con contar no sirve. Entonces en ese viaje llevé el cassette que nos habían editado en Quilmes cuando salimos campeones. Salimos de La Plata y puse el cassette en el micro, estábamos con el Mofle Horvath y la Queca Storani. Les mostré ese video y no me olvido más la cara del Tuky, que termina de verlo y me dice que quería ascender porque quería vivir lo mismo que me pasó a mí en Quilmes ese año. Pasaban los festejos, la gente llorando, la caravana”, cierra Delset.

El alero, uno de los jugadores con más cantidad de ascensos dentro de la categoría, también dejó un grato recuerdo en todos sus pares. Y en este caso, tanto Moravansky como el Mofle, recuerdan a Delset con una serie de anécdotas que demuestran su calidad como compañero de equipo y su particular sentido del humor con momentos graciosos de ese grupo tan unido de jugadores.

“Todos en ese equipo fueron excelentes personas. Con Danilo me pasó algo que quizá tendría que ser normal… no sé tanto cómo era en ese momento y cómo lo es ahora, pero era el jugador que jugaba en mi posición y con el que más hablé de básquet. Un tipo que siempre te aconsejaba, una excelente persona y como compañero de equipo tengo los mejores recuerdos. Cuando arreglé en Gimnasia yo viajaba todos los días porque no estaba viviendo en La Plata, venía a entrenar y me iba a mi casa. Y cuando hacíamos doble turno, no tenía dónde dormir la siesta y Danilo me bancaba en la casa para que no tenga que ir y volver dos veces, para que no tenga que hacer doble viaje. Imaginate todo lo que hablábamos de básquet esos días que me quedaba. La verdad es que un tipo bárbaro”, detalla Gaby Moravansky.

“En el receso de las vacaciones recuerdo que Danilo había venido a la casa de mis padres a conocer, en Monte Hermoso. Nos fuimos con él a pasar esos 3-4 días que teníamos de relax. En el medio de eso habíamos ido a pasear a una feria en Monte Hermoso y compramos unos souvenirs, y le compramos uno para Walter Storani que era un ratoncito hecho con caracoles. A Walter es un tipazo y lo quiero un montonazo, pero nosotros lo cargábamos porque muchas veces cuando entrábamos al vestuario se olvidaba el shampoo o el jabón, y siempre estaba mangueando cosas, entonces le habíamos puesto con Danilo que era medio ratonazo con respecto a eso (risas). Una broma muy inocente. Y cuando llegamos de Monte Hermoso recuerdo que en el vestuario Danilo le obsequia ese ratoncito y después Walter estuvo como 15 días sin hablarme por esa broma (risas). El Cabezón de seguro se acordará de esa anécdota”, cierra entre varias sonrisas el Mofle Horvath mientras rememora momentos divertidos de aquel plantel.

Así, Gimnasia dejó escrito su glorioso nombre dentro de la historia grande de los campeones de la categoría. Después de varios intentos y de luchar tanto por conseguirlo, el elenco Tripero alcanzó la elite que tanto ansiaba y allí se quedaría luchando por tantos años, dentro un círculo de excelencia que siempre lo ha caracterizado y lo ha puesto, a raíz de constancia y trabajo, dentro de los más emblemáticos clubes de nuestra historia.

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